A lo largo de la historia, la música esta ha tenido que ser escuchada en directo ya que solo podías disfrutarla si ibas a donde estuviesen tocando los músicos. Pero a finales del siglo XIX, Thomas Alva Edison inventó el primer dispositivo que reproducía la música sin necesidad de los artistas: el Fonógrafo.
El Fonógrafo estaba muy limitado ya que solo se podía reproducir piezas en él, nunca grabarlas, y, al ser tubos de cera, eran muy frágiles, difíciles de grabar en ellos y ocupaban mucho espacio, además de ser delicados. Esto hizo que otro inventor, Berliner, mejorase con creces el diseño, creando el Gramófono en 1890.
Este, a pesar de sus similitudes, era totalmente diferente. Lo cierto es que caja y el amplificador no cambiaban mucho, pero la sustitución de los complejos y delicados cilindros por un sofisticado disco de vinilo, hacía que su producción fuese mas rápida y barata. Estos discos eran casi indestructibles, se podían doblar y caer, sin embargo no perdían su forma, además, eran mucho más fácil de grabar en ellos y sonaban mejor. Solo tenían un fallo: la velocidad de la aguja variaba si estabas en el exterior o en el interior. También, podían suceder saltos de aguja que provocan que se repitiese o se avanzara en la música que estaba sonando. Por último, la industria nunca encontró un estándar para la velocidad de los discos, por lo que se consolidaron 3 formatos: 33 rpm, 45 rpm y 72 rpm. No obstante, nada de esto hizo que en el siglo XX no se asentara como la mejor forma de escuchar música en casa. De hecho, tal fue su popularidad, que hoy día mucha gente ve los gramófonos como la mejor forma de escuchar música y la más natural que existe (después de la música en vivo).
No hay comentarios:
Publicar un comentario